Avellanas

Introducción

El origen de la avellana se sitúa en Asia, desde donde su cultivo se extendió a Europa. Representa uno de los más antiguos cultivos alimentarios y sus variedades más importantes son la europea o Corylus Avellana.

En la Prehistoria se le atribuían propiedades nutritivas, curativas e incluso adivinatorias, y los zahoríes utilizaban las ramas de avellanos para buscar tesoros escondidos y agua en el subsuelo.

Composición y efectos saludables

Composición Avellanas

Investigadores y médicos coinciden en señalar, basándose en estudios epidemiológicos y clínicos, que la Dieta Mediterránea es la más recomendable para preservar el bienestar y la salud de las personas. Los expertos en alimentación han situado los frutos secos y, por lo tanto las avellanas, en la base de la pirámide nutricional de la Dieta Mediterránea junto a los alimentos de consumo diario recomendado. Este reconocimiento ha roto con la imagen errónea de los frutos secos como alimentos poco saludables.

Es cierto que las avellanas poseen un elevado nivel energético pero precisamente éste deriva de su principal fuente de salud que es el alto contenido en grasas mono y poliinsaturadas, grasas saludables con efectos preventivos de enfermedades cardiovasculares; la riqueza de su composición nutricional se complementa con fibra vegetal, vitaminas, sales minerales y oligoelementos.

Las avellanas constituyen un alimento sano y muy práctico que se consume sin precisar grandes preparaciones culinarias y es un excelente complemento en pastelería.

Las avellanas, como todos los vegetales, no tienen colesterol. Su proteína vegetal es de muy buena calidad, ya que contiene una elevada proporción de arginina, que es un tipo de aminoácido que desarrolla un importante papel para el buen funcionamiento del sistema cardiovascular.

Las avellanas también proporcionan muchos minerales saludables como el cobre, el manganeso, el calcio, el potasio y el fósforo. Las avellanas contienen mucha fibra vegetal, mayoritariamente insoluble, que beneficia el tránsito intestinal y evita el estreñimiento.

Los ácidos grasos de las avellanas son mayoritariamente insaturados de tipo monoinsaturado y son tan ricas en ácido oleico que se convierten en "auténticas cápsulas naturales de aceite de oliva", por lo que aportan grandes beneficios para el corazón y la salud en general, puesto que reducen los niveles de colesterol.

Las avellanas son una buena fuente natural de vitamina E, que actúa como antioxidante de los tejidos del cuerpo humano; también aportan cantidades apreciables de vitaminas del grupo B, como la B6 y el ácido fólico. Una ración de 30 g de avellanas aportan un 9% de la cantidad diaria recomendada de ácido fólico, importante para un embarazo sano y para la salud del recién nacido.

Recomendaciones

Numerosos estudios concluyen que el consumo habitual de avellanas es recomendable para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, como la arteriosclerosis, dolencias cardíacas e hipercolesterolemia, y contribuye a incrementar la esperanza de vida.

También es importante para todas aquellas personas que requieren un gran esfuerzo físico.

Recientemente, estudios epidemiológicos han demostrado que la ingesta de frutos secos substituyendo a otras fuentes de aporte de grasa, no hace aumentar el peso corporal, desmintiendo el tópico que los frutos secos engordan.

La cantidad recomendada es de unos 25 g al día, cinco veces a la semana, consumo óptimo para potenciar los beneficios que proporcionan las avellanas que se pueden tomar en aperitivos, con helados, en pasteles, en salsas, ensaladas y platos, y en desayunos, acompañando a cereales, yogures o fruta.

Diferentes estudios demuestran que los individuos que frecuentemente consumen frutos secos, reducen considerablemente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.